La cuarentena, días de protección.

Cuando damos a luz, nuestro cuerpo se abre haciendo un esfuerzo inmenso y, como todas sabemos, el postparto o puerperio es el tiempo en el que todo vuelve a cerrarse y retoma su lugar.

Tradicionalmente, la cuarentena era el período de 40 días en el que tanto la mamá como el bebé permanecían en casa sin salir y sin recibir visitas (o las mínimas). Se centraban en el cuidado de su pequeño, en instaurar una buena lactancia, descansar y volver poco a poco a la normalidad (claro que contaban con el soporte y la ayuda de las mujeres de su entorno para ocuparse de todo lo demás).
Esto se llama guardar la cuarentena y es una protección para la madre y el recién llegado, ya que la apertura de nuestro cuerpo es en el plano físico y éste es el último en el que se manifiestan todos los cambios. Emocionalmente, a nivel energético y espiritual, nuestro cuerpo está igualmente abierto y cualquier cosa pueda llegar más rápidamente a nosotros, afectarnos de otra manera o hacernos más daño.
Es por esto que es importante -en la medida que se pueda- guardar unos días de reposo tanto físico como interior para poder así adaptarse de una forma más fácil al nuevo papel y a la nueva etapa que nos abre la vida, que es la de la maternidad, el cuidado y la responsabilidad de un pequeño ser humano.

Pero hoy en día parece que nos resistimos a la idea. Nuestras casas no son el hogar mullido que nos invita a quedarnos en ellas sin salir y los gritos de la sociedad resuenan demasiado en nuestros oídos. Solo de pensarlo se nos caen las paredes encima y lo único que queremos es retomar nuestra rutina y volver a ocuparnos de otras cosas. Nuestras cosas.
Así que, tres días más tarde, nos encontramos en la calle a plena actividad sin pararnos a ser conscientes del choque que esta criatura -horas antes dentro nuestro- está sufriendo. Y esto no es más que huir. El estar en casa sin apenas actividad nos pone cara a cara frente a esta situación que despierta tantos sentimientos contradictorios en nosotras. Y esto es duro.

Por eso es importante sincerarnos con nosotras mismas y valorar la urgente huida que necesitamos. Así tendremos la oportunidad de ver cómo afrontar la situación protegiéndonos a nosotras mismas y a nuestros bebés lo máximo posible sin, por ello, sentirnos obligadas a nada.

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