Mi mamá tiene otro bebé

Desde que leí “Bésame mucho” de Carlos González, intento comparar las situaciones de mi hijo a la de los adultos porque me ayuda a comprenderlo mejor. En este caso hablaré de los celos del hermano mayor.

Es esta una situación complicada para todos porque el niño empieza a actuar de una manera en la que a los padres se les hace muy difícil tratar con él en muchos momentos, y esto, sumado al cansancio, la casa, el trabajo y al otro bebé, termina a veces en lo que parece una guerra entre padres e hijo.
El niño como tal defiende su lugar como haríamos todos en igual situación aún siendo adultos, e intenta recuperar ese tiempo que siente que se le ha robado haciendo cosas que sabe que nos harán reaccionar aunque sea para mal. Por eso se revela haciendo y diciendo cosas que no están bien o no nos gustan.

Yo no soy ninguna especialista en psicología infantil pero se lo que mi pequeña experiencia como madre me va enseñando. Desde hace unos días he descubierto algo que me parece muy útil y quiero compartirlo por si pudiera ser de ayuda o interés para otra mama que esté pasando por la misma situación.
Llevo unos días observando a mi hijo en su actitud con la comida y me he dado cuenta de que come menos y que todo lo que me pide son cosas dulces, tanto galletas, chocolate, zumo como cremas, guisantes frescos, etc. y claro todo esto tiene un por qué. ¿Por qué mi hijo tiene antojo de sabores dulces? porque siente que necesita más dulzor.
Visto esto, hace un par de días he intentado cambiar mi actitud para con él porque me di cuenta de una cosa importante: yo puedo intentar dedicarle más tiempo, reñirle menos, ampliar los limites de ciertas cosas pero mi actitud era de cansancio, de agobio y esto, aunque estuviésemos  jugando, era lo que él percibía.
Al darme cuenta noté que le faltaba el dulzor que siempre le había dado y, sincerándome conmigo misma, me di cuenta de que no estaba siendo dulce con mi hijo. No tenía una mala actitud pero ésta tampoco era la de  siempre.

Esto fue lo que me hizo cambiar y lo que está cambiando nuestro día a día y su actitud conmigo y con el bebé. Ahora es igual que hace una semana -sigo dedicándole el tiempo que puedo, salimos, le riño cuando algo no está bien, tenemos nuestras pequeñas batallas diarias- pero desde una actitud totalmente diferente, con mucho más amor y esto me hace tener más paciencia con él en los momentos difíciles.

El resultado ya se va dejando ver. Él está mucho más fácil y, aunque por supuesto nos aprieta y nos lleva hasta el límite, lo hace de una forma distinta.

Esto me recordó que es un momento muy delicado donde no hay que pasar por alto que con nuestra actitud también le estamos educando (cuando no, ¿verdad?) y que lo que “aprenda” ahora le valdrá para afrontar situaciones en su vida que le hagan sentir de manera similar.
Los padres somos seres humanos muy lejos de ser perfectos pero lo hacemos lo mejor que podemos y con la mejor intención (o así debería ser). Y de una cosa sí estoy segura y es de que cuando uno escucha sinceramente a su corazón y se deja guiar por él, suele ir por el camino correcto.

 

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