Parto: la respiración durante el expulsivo

 

Continuando con las sabias explicaciones de Consuelo Ruiz, en su libro Cartilla para aprender a dar a luz  nos detalla el periodo expulsivo: cuándo comienza, las rotaciones del bebé mientras desciende, los órganos que participan en esta fase y cómo debería actuar la parturienta.

” Sabemos que en él intervienen tres importantes grupos de músculos:
  a) la matriz
  b) los músculos abdominales
  c) el diafragma

  ¿Cómo utilizar la matriz?
  La matriz se mueve por sí sola y no es posible ejercer ninguna clase de acción sobre ella sin recurrir a las drogas.  
  ¿Cómo se mueve en el período expulsivo? Se mueve siempre igual, de abajo a arriba. Cuando el cuello está cerrado tira de él para abrirlo, pero cuando ya está abierto y el niño puede salir de ella, deja que lo haga. Al subir, durante la contracción, el niño se va quedando fuera de la matriz, alojado en la vagina.
  Entonces intervienen los músculos del abdomen que, al contraerse disminuyen la capacidad del vientre, empujan al niño contra la columna vertebral de la madre.
  En ese preciso momento es cuando hay que manejar el diafragma. Ya hemos aprendido que cogiendo aire, el diafragma baja y, precisamente por eso, para que bajara muy poco, se practica, durante el período de dilatación, la respiración anhelante, cuando el niño no puede salir porque la matriz no está todavía abierta y hubiera sido inútil empujarle desde arriba.
  Pero cuando el niño ya puede salir de la matriz, incluso a veces ya ha empezado a hacerlo, instalándose en la vagina, cuyo tejido blando y muy extensible no ofrece resistencia, la situación ha cambiado completamente. La presión, desde arriba, será bien aceptada y se debe cambiar, después de la pausa correspondiente, la respiración anhelante por la respiración bloqueada durante la contracción.”

A continuación nos explica como hacer este tipo de respiración:

La respiración bloqueada todo el mundo la sabe hacer, sin haberla especialmente aprendido. […]
  La respiración bloqueada no consiste, pues, más que en no dejar que salga el aire inspirado, manteniendo el diafragma en su punto más bajo.
  Cuanto más aire hayamos cogido en la inspiración, más profundamente bajará el diafragma. ¿Qué ocurrirá entonces? Que el aire que no dejamos salir se comprime, busca salida y empuja hacia abajo con la fuerza, nada despreciable, del aire comprimido, capaz de perforar el asfalto, pero con la suavidad de un agente blando y flexible, que actúa a través de órganos blandos sobre la parte menos frágil del niño, sobre las nalgas.

Este tipo de respiración no hay que pensarlo ya que, cuando sientes fuertes ganas de empujar, sencillamente tomas aire, cierras boca y bloqueas la respiración por la nariz para hacer fuerza.

Y yo tengo que añadir que una amiga comadrona me aconsejó intentar no empujar muy fuerte en esta fase expulsiva, pues si puedes dar a luz de cuclillas o similar, el peso del bebé más la fuerza de gravedad harán el trabajo y cuando los tejidos de la vagina estén preparados, de forma elástica dejará pasar la cabeza del bebé con un porcentaje muy pequeño de sufrir, así, algún desgarro.

“Cuando ya sientas la cabeza del bebé y el “aro de fuego”, si puedes no empujes, canta.

 

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