El aroma del pan

Hace poco más de 3 años escribí una entrada para el blog de PanBaraka que aún guardo con mucho cariño.
Cuando la releo vuelvo a estar en aquella mesa de comedor con el horno encendido. Y vienen a mi las mismas sensaciones que entonces poniendo una sonrisa en mi rostro.
¿Y sabeis lo más bonito? Que en este mismo momento la que tiene el horno encendido soy yo.

Es curioso como algo tan normal y sencillo, puede marcar la vida de algunas personas. Lo cierto es que si comenzáramos a darle valor a esas pequeñas cosas cotidianas, empezaríamos a ser conscientes de la riqueza en la que vivimos cada día.
A veces hace falta que alguien llegue a tu vida para hacerte descubrir cosas que, de otra manera, no conocerías.
Algunas disfrutan de la pintura; otras, de la cocina; otras, del canto. Yo disfruto escribiendo y mi marido haciendo pan.
A muchos no os sonará nuevo que os diga, por ejemplo, que el mundo de la cocina es inmenso e interesante, pero yo jamás me había asomado al pequeño universo del pan. Nunca creí que se pudriera disfrutar tanto comiendo un buen pan o aprendiendo a hacerlo. O ni siquiera pensaba que la miga de una chapata y la corteza de una hogaza, guardaran secretos distintos. El pan siempre había sido para mí pan y punto. Pero lo cierto es que no es así, y cada vez más gente lo está descubriendo.

El arte de hacer pan en casa (porque para mí se está convirtiendo en un arte rústico y antiguo) aporta mucho más que un buen pan en la mesa. Cada paso es parte de un sutil proceso interior. Si sientes el alma del pan, puedes llegar a sentir que forma parte de tu vida de una manera o de otra. La fuerza y la insistencia con la que amasas al principio, el cariño con el que separas la gran masa y formas cada pieza , la paciencia de verlos crecer poco a poco, el cuidado de la temperatura y humedad adecuada al preparar el horno y, finalmente, la impaciencia al hornearlos mientras por fuera se hacen fuertes y suaves por dentro.

Hacer pan es mucho más de lo que cualquiera entiende por hacer pan. Es algo que quema y da calor, que alegra y sorprende, que nutre el espíritu. No todos han tenido ni tienen la oportunidad de sentir esta magia. Lo cierto es que ni yo misma estoy metida en ella, es algo que voy sintiendo poco a poco y sin darme cuenta. Como estas últimas semanas cuando mi marido se fue de viaje. En casa siempre hay pan pero estas semanas se acabó y yo lo noté tanto…
Por esto, animo a aquellos que tengáis una pequeña inquietud o ilusión por este tema, porque una vez que empiezas es difícil que lo dejes.

Hoy, como cada jueves, mi marido hace pan y yo, como cada semana, disfruto del olor que hay en casa: hoy huele a pan.

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