El beso que todo lo cura

Dada la naturaleza curiosa y vital de los niños, no podemos evitar que en más de una ocasión -y de dos- se acaben cayendo o dando un golpe.
La mayoría de ellos se quedan en nada; a otros, les sigue un poco de llanto; los terceros, son los que duelen de verdad.
Para todos -haya que curar realmente una herida o no- hay un remedio infalible que les ayuda siempre: el beso de mamá.

Este beso es un mimo mágico. Un gesto capaz de quitar el dolor y la preocupación. Un caricia que les serena y les hace sentirse protegidos.
Ese beso es la tirita del corazón, la cura que ellos siempre piden.

“Mami, me he hecho pupa. Dame un besito aquí”.

Que maravilla que algo tan sencillo y sutil como un beso pueda evitar el llanto y ayudar a que el dolor pase.
Que pena no darse cuenta de estos detalles tan importantes mientras estamos sumergidas en lo cotidiano y lo grande.

Pero, ¿qué esconde ese beso? ¿Qué amor emana que envuelve el dolor y lo hace desaparecer? ¿Qué poder posee que calma el pequeño corazón del niño dolorido?

Por supuesto, un beso no cura realmente una herida física pero sí emocional.
De adultos no decimos “mamá me he dado un golpe, dame un beso en el codo” pero si nos atrevemos a compartir el dolor de ciertos momentos de la vida con nuestra madre y ella nos arropa, ¿qué mejor lugar para refugiarnos que sus brazos?

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