¡No me lo esperaba!

¿Qué sucede cuando te preparas para algo y sucede de forma totalmente distinta?
Muchas mujeres viven el parto de una manera que no imaginaban, ya sea porque surgen complicaciones o, simplemente, porque esperaban otra cosa.

Lo cierto es que cuando vas a tener a tu bebé, por más que leas, escuches o veas nunca vas a estar del todo preparada porque es muy difícil llegar a imaginar cómo será ese momento. Así que planear hasta el último detalle y aferrarte a ello con fuerza no solo es inútil sino que, en la mayoría de casos, frustrante.
Lo mejor es prepararnos de la manera que mejor creamos (yendo a clases preparto, haciendo yoga, meditando, leyendo, conversando con otras mamás, escuchando a nuestro cuerpo, …) y tener lo básico muy bien organizado (hospital o comadronas, personas que cuidarán de tus otros hijos si los tienes, ropita, coche, artículos de higiene y curas para el puerperio, etc.) pero sabiendo y teniendo claro que las cosas surgirán de manera natural y que tú puedes reaccionar de la manera que menos imaginabas.

Algo que aprendí en primer parto es que siempre hay que tener un plan b (básicamente cuando decides parto natural, en casa o en una clínica que no está demasiado cerca) porque pueden surgir muchos imprevistos y tener que cambiar de planes en el último momento.

Y algo que tuve que aprender en mi segundo embarazo es que, aunque no tiene porqué pasar nada, puede que sí ocurra. Puede que el parto no vaya como esperabas y tengan que hacerte una cesárea de úrgencia. O puede que las cosas se compliquen y, en vez de dar a luz en tu casa, tengas que salir corriendo hacia el hospital. Por no hablar otras posibles situaciones.
A lo que quiero referirme con esto es que hay que tomar conciencia del momento tan importante que es el parto y, a la vez, tan arriesgado. Hay que confiar en Dios y en tu camino, escuchar tu cuerpo y rodearte de gente en la que confíes para que puedan apoyarte y cuidarte en todo momento. Y no olvidar que cuanto más confiada y libre te sientas, más posibilidades tendrás de vivir un parto maravilloso.

Amiga Invisible Madresferica

Después de más de un año sin escribir nada nuevo (aunque sí muchos borradores) vuelvo con una entrada de agradecimiento.
He participado en la Amiga Invisible que ha organizado Madresfera y quiero compartir con vosotros el magnífico regalo que me ha hecho la autora del blog El té de las 4.

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Siii!!! El libro Pan Casero de Ibán Yarza. Es un gran libro escrito por un gran autor. Ibán no solo es un muy buen panadero sino también un chico muy agradable.  Os recomiendo este libro hayáis hecho pan o no y, por supuesto, mirar su web y su blog: Te quedas a cenar y La memoria del pan.

Así que… ¡¡muchas gracias querida AI!! ¡Has acertado de pleno! (Además añado que mi marido es panadero y aquí os dejo la pequeña entrada que Ibán escribió en su web cuando nos conocimos).
Y muchas gracias también a todo el equipo de Madresfera por la buena organización.

Mamá senegalesa

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Crema de calabaza

Hoy es viernes y toca receta.
Por la fecha en la que estamos he decidido publicar la crema de calabaza que suelo hacer. Es muy sencilla y casi no necesita tiempo o dedicación pero, además, es una muy buena opción para darle calor y dulzor al cuerpo.
¡Bon profit!

Ingredientes:

– Calabaza
– 1 cebolla grande
– 1 patata grande (opcional)
– 2 zanahorias grandes (opcional)
– sal
– aceite de oliva
– pimienta negra
– perejil

Elaboración:

1. Pelamos la calabaza que vayamos a utilizar, cortamos a trozos y lavamos. Echamos a la olla.
2. Pelamos la cebolla y la cortamos en cuatro. Echamos a la olla.
3. Si queremos añadir la patata y las zanahorias las pelamos, lavamos bien, cortamos y echamos a la olla.
4. Llenamos la olla de agua hasta 2 ó 3 dedos por encima de la verdura.
5. Salpimentamos y ponemos un chorrito de aceite.
6. Tapamos la olla y la cocemos a fuego fuerte hasta que empiece a hervir.
7. Cuando esté hirviendo bajamos el fuego al mínimo y esperamos unos 30 min.
8. Al cabo de este rato pinchamos con un tenedor la verdura para ver si está hecha y bien blandita. Si es así, apagamos el fuego. Si no, dejamos cocer un rato más.
9. Una vez hecha y reposada unos 10 minutos, sacamos caldo  con un cucharón de sopa hasta que el agua llegue al nivel de las verduras. El caldo restante lo guardamos en un cazo, bol u otro recipiente.
10. Trituramos bien, asegurándonos de que no quedan grumos ni ningún trozo de verdura. Si está muy espesa, ponemos un poco más del caldo que hemos dejado a parte.
11. Probamos y rectificamos de sal si es el caso.
12. Servimos en platos o bols individuales con perejil picado por encima y un chorrito de aceite.

Sugerencias

– Se puede hacer solo con calabaza y cebolla, queda más suave pero igualmente rica.
– Con el caldo restante yo hago unos fideos para la siguiente comida ya que es un caldo de verduras.
– El hecho de separar caldo antes de triturar nos ayuda a lograr la consistencia que más nos guste ya sea más líquida o más espesa.
– Si os apetece podéis acompañarla de unos picatostes recién tostados.
– Esta receta con poca sal (y sin pimienta) es ideal para bebés que comienzan con la alimentación complementaria.

¡Que la disfrutéis en familia!

¿Por qué llora mi bebé?

Son las 9 de la noche, la hora habitual en la que tu bebé siempre se duerme pero hoy no consigue conciliar el sueño.
Está agotado, no puede casi abrir los ojos pero no se duerme. A ratos se queja y a ratos llora. Se mueve constantemente, no encuentra la postura para relajarse.
El tiempo va pasando y él se cansa cada vez más pero, a la vez, menos consigue relajarse. Se va desesperando y llora. Tú no sabes muy bien que le pasa ni que hacer.
No parece que esté enfermo, ¿qué hago?.

Para estos momentos en los que tu bebé no deja de llorar o quejarse y te sientes perdida o confusa, veremos los posibles motivos de su llanto o, al menos, te recordaré como puedes averiguarlo.

– Para descartar dolores o inflamaciones presiona ligeramente su oído con tu dedo (delante o detrás de la oreja); su tripita; y un lateral de su garganta. Hazlo de forma suave y sin apretar. Si tocando alguno de estos puntos grita o llora más fuerte, ya sabes qué le duele.

– Prueba a ofrecerle agua por si tiene sed.

– Revisa su pañal y en el caso de que tenga pipí o caca, mira si tiene alguna heridita/fisura/irritación que le pueda estar molestando.

– Palpa con tu dedo su encía por si notas algún diente a punto de romper o mírale por si la tiene inflamada.

– Dale palmaditas suaves en la espalda mientras caminas un poco o lo meces. Puede que tenga aire que no consiga sacar.

– Aunque obvio, comprueba que no tenga fiebre o esté subiendo su temperatura.
Ya he comprobado todo esto y mi bebé está bien pero sigue llorando, ¿qué hago?

Piensa en tí, en cómo has estado los últimos días. Recuerda si has estado nerviosa, muy enfadada o ansiosa por algo. Ellos están muy vinculado a nosotras y muchas veces exteriorizan algo nuestro, no suyo.

– Recuerda con detenimiento si ha estado este día expuesto a una sobre estimulación o a tenido un día más difícil (mucha tv, ruidos, gente desconocida, muchos cambios, …). Los bebés son como una esponja que absorbe todo cuanto hay a su alrededor pero él no sabe sacar lo que no le interesa así que muchas veces cuando han vivido una situación que les cuesta más de asimilar (no tiene por qué ser negativa) ya sea por cambios notables en su rutina o demasiado movimiento, su manera de deshacerse de todo eso que les sobra es mediante el llanto. Así nos piden ayuda.

En cualquiera de estos casos lo primero es que tú estés relajada y lo más disponible posible (no solo físicamente sino también tu actitud). Abrázalo, pasea por la casa (si tienes un portabebé te irá muy bien para no cansar tanto tus brazos y que él se sienta recogido), mécelo, cántale y dile (desde dentro o hablándole) que todo está bien, que estás ahí con él y le acompañas.
Ofrecele el pecho aunque en estas situaciones pasan ratos rechazándolo.
Lo importante es que se sienta recogido, protegido y consolado.

Estas últimas situaciones suceden más de lo que creemos aunque también hay bebés y niños más sensibles que otros o con más dificultades a la hora de relajarse.

De todas maneras, recuerda que tú como madre tienes linea directa con él y raras veces te equivocarás.
Si no sabes que le pasa lo mejor es que le abraces, te relajes y conectes con tu instinto, con esa esfera en la que tu bebé y tú aún sois un mismo ser. Desde ahí sabrás qué le pasa. No podrás explicarlo, pero lo sabrás y el simple hecho de darte cuenta y conectar con él ya le ayudará a aliviarse más rápido.
¿Nunca te ha pasado encontrarte diciéndole a tu marido:

– lo que pasa es que le duele la barriga
– ¿sí? y, ¿cómo lo sabes?
– no lo sé, pero lo sé

No es nada esotérico ni raro, es lo más natural: el instinto maternal.

Espero que te ayuden estos pequeños consejos para aliviar esos momentos que, en mayor o menor medida, siempre hay cuando tenemos un bebé.
Y, ante todo, recuerda que lo principal antes de atenderle es que tu estés lo más serena posible para poder ayudarle a calmarse.

El calor del hogar

 

Falafel para niños

Continuando con la línea de mis últimas recetas publicadas, hoy os traigo una de falafel (croquetas de garbanzos). Pero esta, aunque basada en la original, está personalizada por mí en función de las necesidades de mi familia ya que encubrir las verduras es algo en lo que me estoy especializando últimamente.

La receta original no lleva muchas de estas cosas pero, como ya he dicho, le añado verduras u otros ingredientes según crea o tenga en casa.

Para unos 25 falafel medianos, aprox.

– 400 gr. de garbanzos remojados pero no cocidos (o harina de garbanzo)
– 1 cebolla grande o 2 medianas
– 1 zanahoria grande
– 1/2 pimiento
– 1 manojo de perejil
– 1 manojo de cilantro
– 1 huevo mediano
– 1 diente de ajo
– pan rallado
– avena en polvo y/o harina
– sal al gusto
– 1/2 cucharadita de pimienta negra molida
– 1 cucharadita colmada de comino molido
– 1/4 cucharadita de bicarbonato

Preparación:

1. Metemos en la picadora los garbanzos con un poco de sal y picamos hasta que estén a nuestro gusto (más fino o con trozitos). Separamos en un bol grande.

2. Pelamos la cebolla, la zanahoria y el ajo, lavamos el pimiento, el cilantro y el perejil. Cortamos, metemos en la picadora y picamos bien fino. Añadimos al bol donde tenemos los garbanzos picados.

3. Mezclamos bien con la mano o con la ayuda de un tenedor y echamos el huevo. Mezclamos bien.

4. Echamos un poco de pan rallado, harina y/o avena en polvo (las 3 a partes iguales queda rico pero podéis experimentar o hacerlo solo con pan rallado). Hasta obtener una masa bien mezclada, algo seca pero pegajosa.

5. Añadimos la pimienta, el bicarbonato, el comino y más sal. Mezclamos bien.

6. Ponemos una sartén con bastante aceite a fuego fuerte. Con ayuda de dos cucharas vamos haciendo las croquetas y poniendo a freir.

7. Cuando estén hechas y tengan un color tostadito (que no quemado) las sacamos y dejamos en un plato llano con papel de cocina.

Detalles prácticos:

* Hacer forma con cucharas: coges una cucharada grande de masa y la pasas de una cuchara a otra varias veces, cogiendo la masa desde abajo.
Es fácil de hacer pero difícil de explicar por eso os dejo este enlace para que veais cómo.

* Antes de freirlas pongo un pedacito de masa en el aceite para ver si ya está bien caliente y poder probar la masa hecha y rectificar de sal o especias si fuera el caso.

* La textura de la masa debe ser pegajosa. Así una vez fritas no quedarán secas por dentro.

* Si queréis congelar, darles forma y cubrir de pan rallado. Meter en un tupper y listo.

* Podéis hacerlas con las verduras que queráis o sin ellas. De hecho, la receta original no lleva.

* Genial para comer de segundo plato acompañadas de arroz, bulgur, mijo, cuscús, … Y con alguna salsa, mucho mejor.
También podéis comerlos dentro de un pan de pita acompañadas de salsa de yogur y ensalada, al estilo más oriental.

¡Que los disfrutéis!

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