¡No me lo esperaba!

¿Qué sucede cuando te preparas para algo y sucede de forma totalmente distinta?
Muchas mujeres viven el parto de una manera que no imaginaban, ya sea porque surgen complicaciones o, simplemente, porque esperaban otra cosa.

Lo cierto es que cuando vas a tener a tu bebé, por más que leas, escuches o veas nunca vas a estar del todo preparada porque es muy difícil llegar a imaginar cómo será ese momento. Así que planear hasta el último detalle y aferrarte a ello con fuerza no solo es inútil sino que, en la mayoría de casos, frustrante.
Lo mejor es prepararnos de la manera que mejor creamos (yendo a clases preparto, haciendo yoga, meditando, leyendo, conversando con otras mamás, escuchando a nuestro cuerpo, …) y tener lo básico muy bien organizado (hospital o comadronas, personas que cuidarán de tus otros hijos si los tienes, ropita, coche, artículos de higiene y curas para el puerperio, etc.) pero sabiendo y teniendo claro que las cosas surgirán de manera natural y que tú puedes reaccionar de la manera que menos imaginabas.

Algo que aprendí en primer parto es que siempre hay que tener un plan b (básicamente cuando decides parto natural, en casa o en una clínica que no está demasiado cerca) porque pueden surgir muchos imprevistos y tener que cambiar de planes en el último momento.

Y algo que tuve que aprender en mi segundo embarazo es que, aunque no tiene porqué pasar nada, puede que sí ocurra. Puede que el parto no vaya como esperabas y tengan que hacerte una cesárea de úrgencia. O puede que las cosas se compliquen y, en vez de dar a luz en tu casa, tengas que salir corriendo hacia el hospital. Por no hablar otras posibles situaciones.
A lo que quiero referirme con esto es que hay que tomar conciencia del momento tan importante que es el parto y, a la vez, tan arriesgado. Hay que confiar en Dios y en tu camino, escuchar tu cuerpo y rodearte de gente en la que confíes para que puedan apoyarte y cuidarte en todo momento. Y no olvidar que cuanto más confiada y libre te sientas, más posibilidades tendrás de vivir un parto maravilloso.

Infusiones para el embarazo y el parto

Para tener un buen embarazo y un mejor parto es primordial cuidar una serie de cosas: alimentación, energía, descanso, actividad física, cuestiones emocionales, etc.
Aún manteniendo todo perfecto (cosa difícil, ¿no creéis?) no es seguro que todo vaya a ir como la seda pero las posibilidades de que surja algún pequeño susto o imprevisto son mucho menores.

En este post os hablaré de unas hierbas que pueden ayudar mucho en este preciado momento. Se toman en infusiones y el cuando y durante cuanto tiempo depende de la planta.

Hoja de frambueso:
se puede tomar durante el embarazo y en el momento del parto (de hecho, aconsejan tomarla desde el embarazo para obtener mejores resultados).
Alivia las molestías de las nauseas y tonifica y fortalece el útero durante el embarazo. En el parto ayuda durante las contracciones además de ayudar a controlar cualquier hemorragia que se pueda producir durante éste.
Se toma la hoja seca. En agua hirviendo para una taza se echan dos cucharaditas y se deja reposar (sin hervir) durante unos 10 minutos.

Mitchella repens:
se puede tomar desde unas semanas antes del parto y prepara el útero y el cuerpo para el sagrado momento.
Según esta información es un tratamiento muy eficaz.
Se toma en infusión: una cucharadita de planta seca por taza de agua. Cuando hierva el agua se echa y se para el fuego. Dejar reposar unos 10 minutos. Beber 2 ó 3 tazas al día.

Puedes optar por tomarlas por separado o combinarlas en una misma infusión.

¿Y dónde puedo encontrarlas?
He recibido esta pregunta muchas veces y, aunque en algunas herboristerías se pueden conseguir Hojas de Frambueso en comprimidos, mi opinión es que mejor tomarla en infusión.

Podéis comprar on-line tanto hoja preparada para infusión como la planta en sí en estos links:

Panfor

Amor por el té

Nature Plant

 
* Basado en la información del libro Plantas Medicinales Ed. Tikal.

Consejos para el dolor durante el parto.

El otro día llegó a mis manos un pequeño libro con consejos naturales para diversas dolencias o procesos.
Como siempre pasa, cuando de algo te hacen esperar poco o nada, esto acaba sorprendiéndote de alguna forma pues al no tener expectativas le sacas mayor provecho. Y esto es lo que me ha sucedido con este manual, que el jugo que tiene -sea poco o mucho- lo estoy exprimiendo.

Ayer, mientras le echaba un vistazo, vi en el índice “Dolor durante el parto” y allí que me fui. Y aunque nada -o casi- de esto nos vendrá de nuevas a muchas de nosotras, me gustó lo que decía y hoy os los quiero compartir:

“¿Hay que sufrir tales dolores en un acontecimiento fisiológico que debería ser placentero de principio a fin?
 Lógicamente el dolor produce angustia, lo que acelera más a la parturienta y hace que el cuerpo libere más adrenalina. La adrenalina […] su exceso puede prolongar el trabajo de parto, con lo que aumenta la duración del dolor.

[…] los ginecólogos han ido introduciendo una serie de cambios en la asistencia al parto y en el diseño de las salas de maternidad que favorecían la práctica médica, pero no la comodidad de la mujer en el alumbramiento.”

Y expone una serie de consejos/sugerencias para el trabajo de parto:

Comer algo. Si notas que el parto comienza,come porque necesitarás energía. Lo mejor son alimentos fáciles de digerir y no comidas pesadas.

Bebe mucho líquido. El esfuerzo tan intenso hace que el cuerpo sude y se deshidrate. “Beber una cantidad adecuada de líquidos mejora la actividad de los músculos lisos del útero y esto ayuda a aumentar las contracciones”.

Orina. Tratar que la vejiga no esté demasiado llena o, preferiblemente, casi vacía.

Cambia de posición. Ir variando la postura ayudará a las contracciones, a la postura del bebé que se prepara para nacer y a ti para acompañar mejor a tu cuerpo.

Aplica calor. “Un paño caliente colocado en la parte baja del abdomen, justo sobre el pubis, entre o durante las contracciones, es muy eficaz contra el dolor”.

Date una ducha de agua caliente. “El calor alivia y relaja”.

Respira. “Las técnicas de respiración no quitan el dolor pero sí evitan la tensión añadida”. La tensión puede hacer que el parto resulte más doloroso y complicado, porque los músculos contraídos pueden obstaculizar, dificultar o no permitir la bajada del bebé.

Respira profundamente con el diafragma. De este tipo de respiraciones ya hemos hablado en otras entradas. Puedes volver a verlas aquí.

Grita, habla o quéjate si te apetece.

Visualiza. Una luz que recorre tu cuerpo, envuelve a tu bebé y lo ayuda a salir. Unas montañas verdes, con un gran río y el aire fresco. Un mar azul infinito con oleaje calmado y el sonido de los pájaros. Cualquier cosa que pueda relajarte y ayudarte a estar más presente.

Pedir un masaje en la espalda. El masaje en la parte baja de la espalda puede aliviar y servir de gran ayuda. (Y con esto no hay que olvidar el poder del contacto).

Comparte. Que tu pareja u otra persona querida para ti pueda atenderte, apoyarte, cuidarte y animarte.


* Todo lo que cito en esta entrada está sacado del libro “La gran guía de los remedios naturales“.

Foto-reportaje de un parto natural

Para mi existen una serie de blogs que son visita obligatoria. Escritos por grandes madres y grandes mujeres en los que abren su corazón para aquel visitante perdido o encontrado que llegue y quiera quedarse.

En uno de ellos –Nuryabissa– hoy he visto que su último post es un precioso video basado en un reportaje fotográfico sobre un parto en casa. ¡Qué belleza! Algunas imágenes te hacen totalmente partícipe del gran momento que se está viviendo en ese hogar. Fotos que comparten el cansancio, la espera, el dolor, la ilusión, el apoyo, la fuerza, el coraje, la dulzura, el amor, los cuidados, la compañía, la comprensión,… el respeto al proceso de este Sagrado momento y el calor del recibimiento de una nueva vida.

La mujer cuando está a punto de dar a luz es comparable a una luna llena a la cual no se le puede añadir nada para aumentar su perfección.”  Sheikh Hisham Kabbani

Parto: la respiración durante el expulsivo

 

Continuando con las sabias explicaciones de Consuelo Ruiz, en su libro Cartilla para aprender a dar a luz  nos detalla el periodo expulsivo: cuándo comienza, las rotaciones del bebé mientras desciende, los órganos que participan en esta fase y cómo debería actuar la parturienta.

” Sabemos que en él intervienen tres importantes grupos de músculos:
  a) la matriz
  b) los músculos abdominales
  c) el diafragma

  ¿Cómo utilizar la matriz?
  La matriz se mueve por sí sola y no es posible ejercer ninguna clase de acción sobre ella sin recurrir a las drogas.  
  ¿Cómo se mueve en el período expulsivo? Se mueve siempre igual, de abajo a arriba. Cuando el cuello está cerrado tira de él para abrirlo, pero cuando ya está abierto y el niño puede salir de ella, deja que lo haga. Al subir, durante la contracción, el niño se va quedando fuera de la matriz, alojado en la vagina.
  Entonces intervienen los músculos del abdomen que, al contraerse disminuyen la capacidad del vientre, empujan al niño contra la columna vertebral de la madre.
  En ese preciso momento es cuando hay que manejar el diafragma. Ya hemos aprendido que cogiendo aire, el diafragma baja y, precisamente por eso, para que bajara muy poco, se practica, durante el período de dilatación, la respiración anhelante, cuando el niño no puede salir porque la matriz no está todavía abierta y hubiera sido inútil empujarle desde arriba.
  Pero cuando el niño ya puede salir de la matriz, incluso a veces ya ha empezado a hacerlo, instalándose en la vagina, cuyo tejido blando y muy extensible no ofrece resistencia, la situación ha cambiado completamente. La presión, desde arriba, será bien aceptada y se debe cambiar, después de la pausa correspondiente, la respiración anhelante por la respiración bloqueada durante la contracción.”

A continuación nos explica como hacer este tipo de respiración:

La respiración bloqueada todo el mundo la sabe hacer, sin haberla especialmente aprendido. […]
  La respiración bloqueada no consiste, pues, más que en no dejar que salga el aire inspirado, manteniendo el diafragma en su punto más bajo.
  Cuanto más aire hayamos cogido en la inspiración, más profundamente bajará el diafragma. ¿Qué ocurrirá entonces? Que el aire que no dejamos salir se comprime, busca salida y empuja hacia abajo con la fuerza, nada despreciable, del aire comprimido, capaz de perforar el asfalto, pero con la suavidad de un agente blando y flexible, que actúa a través de órganos blandos sobre la parte menos frágil del niño, sobre las nalgas.

Este tipo de respiración no hay que pensarlo ya que, cuando sientes fuertes ganas de empujar, sencillamente tomas aire, cierras boca y bloqueas la respiración por la nariz para hacer fuerza.

Y yo tengo que añadir que una amiga comadrona me aconsejó intentar no empujar muy fuerte en esta fase expulsiva, pues si puedes dar a luz de cuclillas o similar, el peso del bebé más la fuerza de gravedad harán el trabajo y cuando los tejidos de la vagina estén preparados, de forma elástica dejará pasar la cabeza del bebé con un porcentaje muy pequeño de sufrir, así, algún desgarro.

“Cuando ya sientas la cabeza del bebé y el “aro de fuego”, si puedes no empujes, canta.

 

“Mi niño nacerá cuando esté preparado”. El segundo parto de Mar

Mar es un mamá de Canarias que, desde hace unos meses, comparte sus vivencias y sentimientos como madre y como mujer desde su blog  Soy mamá, soy persona. Una mujer dulce y valiente que se esfuerza por darle a su bebé lo que ella siente tan necesario: brazos, mimos, disponibilidad y mucho amor.
Dos hijos, dos partos, siete años de diferencia y circunstancias diferentes.
Con su segundo niño siente que ha podido dar a luz como deseaba y ha querido abrirnos su historia.
¡Muchas gracias Mar por compartir ese preciado momento con nosotros!
 
El martes 22 de Marzo tengo cita con el tocólogo, allá voy a ver que me dice, estoy cansada y tantas ganas de ver a SM, 40+2 y este nene no quiere salir. En la eco está todo bien, de líquido sigue un poco justito, me dice que me va a hacer “algo” para ver si me provoca contracciones y me pongo de parto, sé lo que es porque lo he leído en internet (no porque me lo explique) y hasta ese día no quería que me lo hiciera, pero en ese momento estoy tan embajonada que decido que sí, que me haga lo que sea pero que me ponga de parto.
Me da cita para el día 31 para una inducción del parto, no, no y no, eso si que me niego, mi niño nacerá cuando él quiera, cuando esté preparado, pero me dice que al tener poco líquido amniótico sólo podemos esperar hasta el 31.
Me embajono más aún, adiós a mi parto natural, he leído sobre las inducciones en internet, he leído mucho sobre “partos respetados” y yo quiero un parto natural, me miran con cara de loca cuando digo que no quiero epidural, nos la han estado vendiendo hace tantos años como algo maravilloso que nadie entiende que quiera “sufrir por sufrir”, no, simplemente no quiero que mi hijo nazca “atontado”, no quiero no poder levantarme, no quiero no sentir contracciones de amor.
Sólo tengo ganas de llorar, voy al baño y veo que tengo una especie de “gelatina”, ¿estoy echando el tapón mucoso?, pero sé que se puede expulsar poco a poco y semanas antes del parto, además con la maniobra de hamilton que me hizo el tocólogo es normal, no me hago ilusiones…
Nos vamos a caminar a las ocho y empieza el dolor en la parte baja de la espalda, ¡SI!, contracciones por fin, pero sigo sin querer hacerme ilusiones, puedo tener contracciones por la dichosa maniobra pero no ponerme de parto, aún así empezamos a mirar el reloj, son super irregulares pero normal, acaban de empezar. Llegamos a casa, decidimos llevar al niño con mis padres por si acaso tenemos que salir de madrugada, pero yo aún sigo sin hacerme ilusiones.
Vemos una peli, yo me levanto y me siento, me muevo, me agacho, me inclino hacia adelante. Él mira el reloj, apunta los minutos, siguen irregulares.
Las 2 de la mañana, cada 3, cada 5 minutos, cada poquito tiempo pero irregulares, decidimos ir al materno por si acaso, llevo seis horas así, vamos.
“Puedes ponerte de parto en dos horas como en dos días”, “Puedes quedarte aquí o marcharte a tu casa y volver cuando tengas contracciones cada 3 minutos regulares”. Nos vamos a casa, me embajono más, y si tantas horas y no me pongo de parto, y si se me paran las contracciones ahora…
Nos acostamos, vamos a intentar dormir, y duermo algo y sigo con más contracciones.
Se tiene que ir a trabajar y yo para no estar sola me quedo en casa de mis padres.
Mi antigua habitación se hace mi “cueva”, me quedo a oscuras, me acuesto, me pongo calor en la espalda, voy al baño mil veces y sigo echando tapón mucoso, estoy tranquila, sólo deseo que de verdad esté de parto.
Llamo a la matrona, necesito una voz amiga, apoyo… me dice que coma algo, que las contracciones están quemando glucosa y necesito energía, me dice que me de una duchita caliente y me relaje.
Las 13, intento comer algo y lo sabía, vomito. Ya empiezo a creerme que estoy de parto.
Más contracciones, voy al baño, un líquido rosa, me quedo con la duda de si he roto aguas o si es tapón mucoso pero es muy líquido, vuelvo a la habitación y más líquido.
Más contracciones, más dolorosas, más intensas, dudamos si ir al materno, pero como el tiene que irse a trabajar de tarde pues mejor antes de que se vaya vamos, avisa al trabajo, “Nos vamos al materno que ya rompió aguas”, ¿Si?, cuando lo oigo a él diciéndolo es cuando soy consciente de que he roto aguas de verdad.
Que camino más largo, cuántos coches, qué nervioso estaba él, que incomodidad es tener contracciones sentada en el coche.
15:00 Llegamos, me pasan rápido pero hay chicas delante de mi, ninguna de parto, yo camino el pequeño pasillo una y otra vez, ahora entiendo para que es la barra que está en toda la pared, me agarro a ella cada vez que tengo una contracción y me inclino hacia adelante, uffff, duele, pero no quiero epidural, es mi parto, es mi cuerpo, es mi niño.
Un enfermero muy amable me toma la tensión mientras camino y me hace unas preguntas caminando también, para que yo esté cómoda.
Vuelvo a vomitar, el enfermero me dice que vomitar es síntoma de parto, que seguro que me queda poco, que si me siento mal me “cuela”, paso antes que las otras chicas, pero que si puedo esperar que no piense que estoy perdiendo el tiempo, que mientras espero a que me exploren es tiempo que estoy dilatando tranquilita.
Por fin entro a consulta, más contracciones, más seguidas, un suplicio subirme a la camilla, me exploran, y sólo 4 cm!!!, con lo que me duele ya, con lo seguidas que son, no puede ser, pensé que iban a decirme estás de parto, corriendo a paritorio, pero todavía me quedan unos cuantos centímetros, paciencia.
Por enésima vez me preguntan si quiero silla de ruedas, que no, que estoy bien, puedo y además quiero caminar, damos un par de pasos y super contracción, más fuerte que las anteriores, me quedo en cuclillas y siento que va a salir ya, me tiemblan las piernas, pido la silla, me siento cuando se me pasa y me viene otra contracción, me arqueo como intentando levantarme pero no puedo, quieren llevarme a monitores pero se dan cuenta de que no puedo, que esto va muy rápido ya, oigo “esta chiquilla se está pariendo”, les digo “paritorio natural, paritorio natural” pero me llevan al paritorio cinco y el de parto natural es el ocho, le digo que no, que al ocho, me dice, espera que te pongo el monitor aquí un momentito y nos vamos al de parto natural, vale, pónme el monitor ya, me quedo tranquila de que todo va bien y nos iremos al ocho.
Super contracción de todas las contracciones, creo que siento la cabeza y ganas de empujar, me dice que si tengo ganas de empujar que empuje, me mira “uy pero si ya está la cabeza aquí”, “¿y mi novio?, llámenlo, que corra!”, si, si, ya lo están llamando, ya viene corriendo, miro hacia la puerta y lo veo corriendo pasar de largo, el pobre iba al ocho!, y yo en el paritorio cinco.
Por fin está conmigo, me da un beso, la mano y sobretodo la confianza, seguridad y todo el amor que necesito en ese momento.
Ya no me importa en que paritorio este, no hay tiempo de ir al otro pero ya no me importa nada, es mi parto natural, estoy con mi amor, es todo perfecto.
La matrona es encantadora, además tiene una voz dulce, me tranquiliza, Rocío, un encanto.
Cada contracción siento que es por amor a mi hijo, que ya está casi aquí, que el dolor es algo momentáneo, pasajero, que tengo que hacerlo por él. Cierro los ojos y empujo con todas mis fuerzas.
“En la próxima contracción ya sale”, vuelvo a empujar con todas mis fuerzas pero no sale, “¿y por qué no sale?, ¿y por qué no sale?” decía yo, “en la próxima, ya verás”, se me hizo eterno, entre cada contracción inspiraba y soltaba relajada, cogía fuerzas para la próxima.
Y una vez más, cuarto o quinto pujo, perdí la noción de todo, fuerza, fuerza, fuerza, la naturaleza está conmigo, y se escurrió, salió de mí, y ya estaba encima de mí, que moreno!, que pelo, que guapo, mi niño, mi niño, mi precioso niño, ¡lo besé por fin!.
La cara del papá emocionadísimo, jo, se respiraba amor, felicidad, dicha.
Juraría que hasta la matrona estaba emocionada, me felicitó, “campeona, que parto tan bonito”, “ojalá todos los partos fueran así”, “habéis estado geniales los dos, la mamá y el papá tan compenetrados”, ainsss, ¡gracias Rocío!
Un parto natural, precioso, piel con piel, inolvidable.
3610 gramos de amor, nuestro mini SM, tú y yo. TE QUIERO
 
Os animo a que visiteis su blog y la conmozcais un poquito más.

El nacimiento de mi primer hijo

Y como lo prometido es deuda, aquí os comparto lo que fue uno de los momentos más importantes y fuertes de mi vida.

A mitad de agosto me fui unos días a Elche a pasarlos con mi familia en una casita que tenían en una urbanización.  Allí, fuera de la ciudad, se suele estar más fresco y tranquilo y pensé que me vendría bien.
Llegué el viernes 15 por la noche y pensaba irme el siguiente miércoles, pero al final el lunes decidí comprar mi billete de vuelta para el martes porque tenía ganas de volver. Había tenido alguna contracción muy poco molesta esos días pero nada extraño. Yo me sentía más nerviosa pero suelo estarlo cuando viajo sin mi marido y las molestias que me iban surgiendo las achacaba a que ya estaba en el 8º mes y era normal.
Al final, en el tren de vuelta a Barcelona que quería coger, solo quedaba un asiento: el mío. Y me marché a casa.
Los preparativos con mi familia para cuando, supuestamente, volviésemos unas semanas después seguían en pie sin que nadie sospecháramos nada de lo que iba a suceder.

El viaje en tren fue tranquilo y bien (mejor que el de ida) y al llegar mi marido estaba deshecho en mimos conmigo. En casa ya estaba más tranquila.
Esa noche la pasé un poco rara, ya que tuve como 4 contracciones más molestas pero no fui consciente hasta que me desperté y las seguía teniendo muy de vez en cuando. Todo me sonaba así que empecé a mirar en libros y revistas y le dije a mi marido “creo que esto puede ser para tirar el tapón mucoso”. En todos los sitios decía que era algo gelatinoso y rosado con tiñas rojas y yo esperaba ver eso, pero lo único que vi fue flujo marrón oscuro. Pensé “en horas o días lo tiraré”. Visto que la cosa podía empezar y que, según libros y revistas, a las primerizas les puede pasar semanas antes del parto, le dije a mi marido que si tiraba el tapón podía ponerme de parto en cualquier momento y que estaría más tranquila estando en Elche ya, cerca de Acuario. Así que empecé a pensar en irnos un par de días más tarde y comencé a preparar cosas (puse una lavadora con ropita del bebé, mantitas, sabanitas y un bolso).
La mañana pasó y, como se acercaba el mediodía, me puse a hacer la comida. Entre tanto algún mimo con mi marido pero cada uno llevaba su marcha. Yo seguía teniendo contracciones cada mucho y estaba atenta al flujo pero nada rosado ni rojizo aparecía. Después de comer me tumbé en el sofá como de costumbre y me puse a ver la tele. Las contracciones no paraban, es mas, cada vez me molestaban un poco más pero no me planteé nada raro.

Sobre las 7 de la tarde, me puse una peli de video para ver si podía relajarme y olvidarme de las molestias (El Príncipe de Egipto, una peli que me da fuerza y seguridad y me ayuda siempre a conectar conmigo misma) pero no tuvo mucho éxito. Las contracciones empezaban a doler un poco y no podía estar sentada sin más viendo la tele, así que a las 8 me fijé en el relojito que había en la pantalla de la tele y me di cuenta que las contracciones venían cada 5 minutos justos. Mirándolo desde fuera pienso “¿cómo es que no le dije nada a mi marido para hacer algo?” pero es como si, a partir de ese momento, alguien desconectara la parte racional de mi cabeza y me metiera en un planeta paralelo en el que solo existíamos las contracciones y yo.
Dejé la peli puesta y primero me fui a la habitación de mi bebé. Me puse a cuatro patas en la moqueta y después de rodillas. Allí pasé un par de contracciones pero luego me fui a mi habitación y me tumbé en mi cama. Desde ese momento, no la dejé. Fui pasando el dolor de las contracciones de rodillas en la cama, moviendo la cadera y, entre ellas, acostada de lado intentando descansar un poco. En un rato, mi marido vino a buscarme y, al verme así, no se lo que pensó pero le pedí que se quedara y me masajeara la parte baja de la espalda mientras estaba acostada. Pronto me quede sola y las contracciones eran cada vez más dolorosas. Entre ellas ya no había tanto tiempo y apenas podía relajarme o echarme en la cama. Mi marido desapareció y, aunque en ese momento ni me paré a pensar en ello, recuerdo que estaba hablando por teléfono con gente porque se dio cuenta de que esto iba a más.
Yo rezaba con cada contracción, pedía en alto que me ayudaran con el dolor, incluso mordía las sábanas. A veces me ayudaba mucho respirar rápido por la boca como he leído en manuales pero a veces solo podía gritar cosas como “que paren ya, por favor” o “no puedo más”. Pero sabes que sí que puedes, te sale la fuerza de donde no sabes y todo sigue su marcha.
Allí estaba yo, a oscuras, mientras el sol se ponía, a cuatro patas en la cama con el balcón abierto y gritando con una voz que me salía de lo más profundo de mí. Sigo sin entender como no pensé en ningún momento que estaba de parto y que no había nadie para atenderme pero lo cierto es que fue así. Sencillamente me sentía como una leona más, escondida entre arbustos, sin querer ser vista y dando a luz a su hijo.
Mi marido entraba y salía nervioso, intentando hacer algo para ayudarme. Llamó a varias comadronas que asistían en casa pero no le cogieron el teléfono o, simplemente, le dijeron que no. En un momento me dijo que teníamos que irnos al hospital y me dio ropa, pero yo le dije que esperara que en ese momento no podía moverme, que confiara en mí (solo pensar en bajar de la cama me asustaba). Las contracciones eran prácticamente seguidas y no podría ni dar un paso.Viendo mi estado decidió llamar a una ambulancia para que vinieran a casa y llevarme al hospital y eso debió ser sobre las 10 de la noche. Mis contracciones habían bajado la intensidad y tenía un poco de tiempo entre ellas, entonces supe que tocaba empujar. Me apoyé en la madera que había en el cabezal de la cama con las manos y me puse de rodillas. Me quedé totalmente desnuda y, con cada contracción, empujaba un poco con cuidado. Notaba como el bebé iba bajando y yo estaba abierta. Iba metiendo mis dedos para ver si tenía que romperme la bolsa (porque aún hoy no sé en qué momento rompí aguas) y le decía “venga bebé, un poco más que esto ya acaba”. En ese momento entró mi marido y me dijo que una ambulancia venía de camino a lo que yo le contesté que pusiera toallas bajo de mi y que se quedara, porque su hijo iba a nacer. Yo ya tocaba su pelito y notaba como me quemaba toda la zona. Esa tirantez ardía, pero aun así esperaba a tener una contracción para empujar. Finalmente, con un pequeño grito, salió la cabeza y oí como mi marido muy emocionado me seguía dando ánimos diciéndome que mi bebé ya estaba aquí. Poco después y sin casi esfuerzo calló el cuerpecito y mi marido lo recogió en sus manos. ”Es un niño” me dijo y enseguida le saludó completamente enamorado “Salam aleicum AN”.
Aún recuerdo el tono de su voz y lo emocionado que estaba. Se acababa de enamorar de su bebé y lo había recogido con sus propias manos para darle la bienvenida a este mundo. Yo me senté en la cama como pude, totalmente en shock y él me tendió al chiquitín diciéndome “toma, aquí tienes a tu hijo”. Lo apoyé en mi pecho y mi marido se quedó a mi lado. Abrazados los 3, disfrutamos de 5 minutos de intimidad mientras Idris le cantaba la bienvenida y yo seguía unida al bebé por el cordón. Justo después llegaron las enfermeras para llevarme urgente al hospital, aunque se quedaron súper sorprendidas cuando, al abrir la puerta, Idris les dijo que acababa de nacer. Allí tuvimos que esperar otra ambulancia y bueno… podría decir que, en cierto modo, empezó un poco nuestra pesadilla: médicos, salas frías, separaciones, pruebas y más pruebas,… un hospital. Pero, gracias a Dios, mi hijo tuvo el nacimiento que durante todo el embarazo quise para él. No se cogió al pecho en cuanto nació pero no se si porque no pudo, no quiso o porque yo no supe. Lo cierto es que yo estaba exhausta por todo lo que acababa de pasar. En cuestión de pocas horas había tenido a mi hijo, casi un mes antes de lo que me habían dicho todas las comadronas. Había ocurrido ya y había pasado en casa, sin nadie más que mi marido y mi confianza en Dios y en mi cuerpo.
Aun hoy, cuando pienso en ese día, siento que estaba fuera de mí. Me había imaginado un parto más idílico y, para no mentir, menos duro pero lo cierto es que, ahora que ha pasado todo, empiezo a ver que fue precioso y estoy muy feliz de cómo fue. Me siento muy orgullosa de mi bebe por lo fuerte y decidido que es; de mi marido por todo lo que participo, el amor que me demostró, la confianza y lo unidos que estuvimos en cada momento; y también de mi misma, de lo fuerte y valiente que fui. Nunca me hubiera imaginado mi parto de ese modo pero, a decir verdad, durante todo el embarazo dije que quería un parto “en sepia” y hoy, al recordarlo, siento que lo tuve.

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